17 minutos de terror

Por: Sandra López

El 10 de mayo aproveché el día libre para ver «Avengers: EndGame»; fui a la función de las 6:00 pm, salí de noche -ni tan noche, eran las 9 pm. La plaza queda a kilómetro y medio de la parada del camión, así que me tuve que ir caminando: a cada paso, me cuidaba de mi alrededor; cualquier coche me causaba inseguridad y ansiedad; volteaba a cada segundo a ver si me seguían; pasaba una bicicleta y aceleraba el paso; pasaban mil cosas por mi cabeza.

Me preguntaba ¿qué pasaría si fuera como los súperheroes que acaba de ver? ¿Si esa sería la única manera en la que me podría defender si algo me pasaba? Agarraba con fuerza la bolsa de cosas que había comprado en la plaza y calculaba si el peso de la bolsa me permitiría defenderme si alguien indeseado se acercaba, porque sabía que yo no era ni «Capitan Marvel» ni «Scarlet Witch» para usar mis poderes en su contra; me preguntaba qué se sentiría salir del cine de noche sin miedo a que te violen, te secuestren o te maten; me preguntaba qué se sentiría tener libertad.

En la mañana me aseguré de no traer ropa «provocativa»: mis leggings tipo jeans y una playera de reptar; inclusive subí una foto de ese outfit al estado del whatsapp, por si las dudas; llegando a la esquina vi una silueta de cabello largo, me tranquilicé, pensé que era una chica. Era un chico metalero que creo que sintió mi miedo porque bajó la mirada… Llegué sana y salva a la parada del camión, me tranquilicé porque había muchas mamás ahí, vi mi celular y de la plaza a la parada fueron sólo 17 minutos: 17 minutos de terror que todas vivimos todos los días.