8 de marzo

Por: Diana Tapia

El ocho de marzo fui a trabajar, me quedaban diez pesos en la bolsa, no elegí hacerlo.

Lavé el baño de la casa antes de irme porque la señora que nos renta dice que solo así mandará al plomero a arreglar la llave de la cocina.

Serví el café a los hombres que invitaron a desayunar a sus esposas para “festejarlas”. Ordenaron por ellas.

Hoy lavé todos los platos, sé que tú también.

Mami, hoy mi huelga empezó a la 1pm y salí a marchar por las dos.

Mientras estaba en la cafetería, entraron tres chicas con pañuelos verdes colgando orgullosos de sus cuellos. Y me puse feliz de saber que la marea me tocaba

Es color verde, mami. Los ríos de agua azul que vemos en el pueblo no se le comparan

Pienso en el pueblo lleno de mujeres fuertes a las que la marea les llega en vasitos de agua

Y pienso en Lola, Graciana y Martha, las abuelas que la usaron para regar sus plantas y hacernos florecer

Yo sé que te preocupa que esta marea de la que tanto hablo no se lleve las huellas de sus botas negras

Pero, mami, los pies de acero son de barro si los ves de cerca

Quédate tranquila que éstos tenis rotos y estas sandalias gastadas también van dejando las nuestras

Y caminan mucho, se tropiezan a diario.

Escucho tu respirar agitado a través del teléfono cuando te cuento de mis caídas, a mi también me agotan

Me preguntas cuando vuelvo.

Va a ser pronto.

No correré con la misma suerte que muchas, mami. No te preocupes.

No corro con la suerte, voy más rápido

¿Te acuerdas cuando me enseñabas a nadar?

Y te alejabas a medida que yo me acercaba para que te siguiera.

Aprendí a nadar siguiéndote.

A caminar también.

Aprendí a correr viéndote.

Sé cómo saltar las olas riéndome porque te ví hacerlo en Sayulita.

Mami, conozco el mundo todos los días a través tuyo.

Sé que te preocupas.

Nos duelen las mismas cosas

Pero mami, me enseñaste a nadar, a caminar, a correr, a saltar en las olas y a reírme.

Voy a estar bien.