No siempre fui una buena hija

Redacción Girl Power

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Cuando era niña, vivía enamorada de mi papá. Él era mi héroe y mi todo. A mis 13 años, mi madre tomó la decisión de divorciarse de mi padre. Ese era el inicio de la etapa del terror, estuve enojada con ella por años. ¡Vaya atrevimiento!

Los años pasaban y el desastre era una constante en nuestra vida: peleas, reclamos, rebeldía, depresiones y muchas heridas. Hice a mi madre derramar muchas lágrimas y la lastimé. Durante ese tiempo, me escudé en mis ganas de comerme el mundo para hacer lo que quería sin miramientos.

Cuando me convertí en madre, entendí algunas cosas; sin embargo, fue el feminismo el que me puso de frente la realidad de mi madre.

Ni mi padre es un héroe, ni mamá un ogro.

Mi mamá trabajo años cuidando de la vida de mi hermana y mía sin recibir un centavo. Y no, mi mamá jamás se ha quejado de eso, pero yo puedo ver que nos dedicó sus años de juventud.

Mi mamá hizo a un lado sus sueños por nosotras. Es claro que nos ama, pero ahora no puedo negar que me hubiera gustado ver a la mujer que hubiera sido si no hubiera tenido que cuidar de sus hijas.

Mi mamá sorteó las carencias económicas, emocionales, afectivas y profesionales, todo mientras cuidaba de una niña y una adolescente problemática. Ella no tuvo soportes de ningún tipo durante nuestra crianza.

El feminismo me hizo ver que mi mamá no se realizó profesionalmente, ni tuvo un matrimonio bueno. Me hizo ver las veces que ella lloró en silencio para no alarmar a nadie y, desde luego, lo injusta que fui con ella.

Hace unas semanas, supe que mi madre no es eterna; de algún modo lo es, pero su cuerpo terrenal, no. Y a pesar de que llevo años intentando resarcir el daño, tal vez no sea suficiente. Lo que queda por hacer es seguir cuestionando nuestras relaciones, modificándolas y por supuesto, sanar.

Hoy es un buen día para dejar de romantizar el trabajo de las madres y el cuidado de la vida. No hay un instinto materno, el amor a tus hijxs no es mágico ni instantáneo. Las madres no tienen superpoderes, lo que tienen es una explotación por parte de la familia. Es un buen momento para reflexionar y ver nuestra relación con nuestras madres, empezar a quitarle responsabilidades que no le pertenecen. Por último, dejemos de decir que muchas familias mexicanas viven en un «matriarcado», cuando a lo que se refieren es a que delegaron un montón de responsabilidades a sus madres y las dejaron sin escapatoria.

Te amo, mamá.