No soy una bruja

100 años de estereotipos destruidos en 90 minutos.

Por: Vianey Vitela



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“No soy una bruja” es la opera prima de la directora de ascendencia Zambia, Rungano Nyoni. Este largometraje nos transporta a un distrito alejado de la modernidad, en África, donde un tropezón con una cubeta de agua le cuesta a Shula, una niña huérfana, su libertad y la envían a un campamento para brujas. 

El primer dialogo que se le escucha a Shula es “Si hay una bruja aquí”, es donde decide aceptar sujetarse de un listón blanco, su nueva cadena, el peso que le toca cargar por ser una bruja, ahora Shula es una propiedad. Es importante remarcar que nuestro personaje principal resulta ser el miembro mas joven del campamento, todas eran mujeres a la que se les acusaba por disputas familiares, conflictos con vecinos o parejas.

Desde el comienzo pareciera que los hombres que toma los decisión en la comunidad, son los que están contra este grupo de mujeres esclavizadas. Estas mujeres dentro del campamento resulta ser una comunidad que desborda sororidad, es duro observar que las brujas van poco a poco agradeciendo su desgracia, porque saben que podría irles peor.

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Uno de los aciertos más grandes de esta película es el sonido, el metraje lo describo como un melódico retrato de la injusticia y la ignorancia, fotografiada a base de los contrastes naturales de la piel y el árido paisaje. Conforme la narrativa avanza, se le enseña a Shula que en su vulnerable situación, solo tiene un camino, que es hacer lo que le digan, ya que si lo hace y “es buena” probablemente algún hombre pueda venir a rescatarla con el matrimonio.

 El ciclo del metraje cierra con un final desgarrador en una historia donde la bruja no es a lo que estamos acostumbradas, se observa que noventa minutos le bastaron a Rungano Nyoni para romper con el estereotipo al que los personajes de brujas, eran sometidas; noventa minutos en los que nos damos cuenta que todas somos Shula, todas somos brujas, noventa minutos donde el sonido de la lluvia cierra la narración.


¿Quienes somos? y ¿A donde vamos como sociedad?  Esta película plasma cómo en pleno siglo XXI las cacerías de brujas siguen promoviendo el odio y temor para las involucradas, las mujeres. Se convierte en una retrospectiva colectiva, donde se cae en cuenta que dentro de cualquier contexto, las mujeres seguimos pagando las consecuencias con respecto a los prejuicios; más de doscientos años en los que las acusaciones y la oposición hacia el orden social, le costaban la vida a miles de mujeres. 

En la actualidad no se ha avanzado lo suficiente, es importante mencionar la relación con los problemas sociales dentro y fuera del contexto de la narrativa; por ejemplo en México la alerta de género crea una importante bandera roja a la que tenemos que voltear a ver para combatirla. Resulta doloroso aceptar que esta continúa siendo la realidad de muchas mujeres. 

Las brujas, han sido y son quemadas, con tristeza lo acepto, metafórica y literalmente.