Psicosis

Pido que este relato se lea desde la empatía y el acompañamiento; nunca desde el juicio. Aclaro que aquí no hay una recomendación y lejos está de ser un ejemplo. En esta experiencia de vida se cometieron y cometen muchos errores, pero es así como llevo mi salud mental. 

Tenía trece años cuando me diagnosticaron depresión psicótica y trastorno de ansiedad. Para fortuna mía, hay mujeres en mi familia que comparten estos padecimientos conmigo, por ello, pudieron atenderme “a tiempo”. 

Cuando era bebe lloraba todo el tiempo. Día y noche. Nadie podía conmigo, era inconsolable. Desde que tengo memoria, me muerdo la uñas. En mi niñez, solía arrancarme el cabello a puños, no era un berrinche, era mi mente. A los diez años aproximadamente, empecé a comer mi cabello. Todo el tiempo estaba con un mechón de mi largo cabello negro en la boca. A los trece y después de un detonante, comencé a arañar mi rostro. 

El diagnostico cayó como bomba, ¿ahora qué? 

Hasta ese momento todo el daño físico que me había hecho era de manera inconsciente. La primera vez que lo hice consciente fue cuando tenía 14 años y la segunda a los 16. Salir del fondo ha sido lo más doloroso que he hecho y coincidió con una fractura de tobillo. Los medicamentos me tenían adormilada, olvidaba días enteros, babeaba al ver la tele o en clases, ya no era yo. 

Decidí dejar los medicamentos y nadie me apoyo en esta decisión. Lo primero que pasó es que me provoqué una intoxicación con alcohol y me fisuré una costilla. Volví a cama por un buen rato. Estaba volviéndome loca. Pensé que nunca iba a salir de ese estado, mi enfermedad no era funcional. 

No podía decir nada por miedo, no quería que me tuvieran miedo, aunque sin darme cuenta ya mucha gente me lo tenía. Siempre he sido una mujer muy mal encarada y con los brotes de ira, no era precisamente la persona que querían como amiga. Mi infancia fue muy dura, pasé por cosas que no quisiera que nadie pasara y mi estado de salud empeoró todo. 

Cuando decidí dejar los medicamentos “definitivamente”, asumí mi condición y creí que estaba en mí controlar mi mente. A veces funcionaba, otras me ganaba. Peleaba con quien se dejara, molestaba a mis compañexs para no ser a quien molestaban, proyectaba en ellxs todo lo que en mi cabeza pasaba. 

Una serie de eventos me tuvieron sana y en vigilancia, tuve que hacerme cargo de otra vida y ahora sí tenía que estar bien o aparentarlo. Me volví un poco más funcional y regresé a la escuela. Tomaba medicamento a ratos, luego pasaba temporadas muy tranquila. Así ha sido en términos generales desde hace una década. 

En estos 17 años de lucha conmigo misma desde mi diagnostico aprendí a conocerme mejor. Tomo medicamento cada que lo necesito y mi ansiedad tiene muchos tapones pero siempre encuentra un rincón en el que tengo la guardia baja para salir. Quité algunas telarañas para aprender a hablar de mis condiciones mentales, no tengo ningún problema en explicar mis padecimientos.

Quisiera decirles que hoy estoy bien pero no quiero mentirles, ni romantizar el dolor con el que vivo. Hace dos años un compañero uso esta información para acosarme e intentar humillarme públicamente, perdí la custodia de mi hija por un brote, el año pasado empecé con bulimia nerviosa, tengo meses con episodios de comezón excesiva, he tenido cuatro ataques de pánico en este año, hace meses hice lo que puede interpretarse como una amenaza a alguien cercano y lloro descontroladamente. Al mismo tiempo sé que es una etapa y que voy a mejorar.

Teniendo la certeza de lo anterior, no deseo vivir muchos años más. Esto que leen es algo que pocas personas han entendido, sin embargo he conocido a poca gente como yo.

Como lo especifiqué al inicio, mi caso está lejos de ser un ejemplo pero esta es mi forma de lidiar con los monstruos de mi cabeza y corazón. También pedí no ser leída desde el juicio, nadie ha estado acá conmigo, nadie ha sentido ni pensado como yo. La vida en mi cuerpo no ha sido sencilla, diario es una batalla, a veces me apoyo de mis medicamentos, a veces de mis seres queridos y otras me caigo. La madurez me ha ayudado a vivir así, pensar las cosas y no obedecer al impulso. 

Para finalizar, quisiera pedirles que cuiden su salud mental y que no romanticen la depresión ni los trastornos. Nada bueno sale de ellos. Alguna vez escuche que la tristeza y la depresión nos dan las mejores obras de arte, ¿saben qué? preferiría que la humanidad no hubiera tenido acceso a ese arte, sí el costo es una persona hecha mierda.