Querido Diego, te abraza Quiela.

Por: Fresvinda

Vivir con el corazón roto no es un ejercicio fácil. Uno desempeña una cierta perspectiva de la vida, a la cual le tomas aprecio. Siempre me consideré una persona de carácter fuerte, la gracia recae donde te encuentras con peores demonios que enfrentar; uno no entiende qué es un corazón roto, hasta que lo vives en carne propia; y es difícil hablar de esto, ya que en cierto punto te sientes sola, y no hablo del sentimiento que se hace notar cuando estás físicamente sola, si no emocionalmente sola: quebrada. Uno desempeña un don para entender a las personas que pasan por eso; las canciones de José José o Juan Gabriel llegan a tener sentido: «¿De qué están hablando?». Uno las oye, pero cuando tienes el alma fragmentada realmente las escuchas; mi favorita: «Hasta que te conocí», versión Bellas Artes -entre otras joyas-, me mostraban que había más personas que sintieron lo que sentía en ese momento. 

En cierto punto, empecé a investigar qué era ese dolor y me crucé con varios métodos de investigación, algunos de ellos eran: porciones grandes de alcohol, malas decisiones de amantes y lecturas, de entre las que destaco dos por parecerme las más indicadas: una era «Antropología del dolor» de André Bretón y «Querido Diego, te abraza Quiela» de la señora Elena Poniatowska; este último era el dedo que presiona la llaga, la soledad, la ansiedad, la desesperación, entre otros sentimientos que completan una despedida amorosa o, como yo lo llamaba en mi tesis, «La estética del dolor pasional».

Esta historia de desamor, sobre el punto de quiebre que viven los amantes, habla de la soledad que vive Angelina Beloff al separarse de Diego Rivera; la historia que Elena nos escribe empieza un 19 de Octubre: Quiela le escribe a Diego después de que este la deja por la ausencia y muerte de su primer hijo, Diego Rivera Beloff, el cual exhaló su último suspiro a muy temprana edad. 

Diego hace un silencio infinito ante las cartas de su amor ruso, la cual no deja de extrañarlo, y aún desde aquella soledad da señales de estar presente, por momentos. 

Quiela vive momentos de nostalgia, la sombra de un amor no correspondido; viviendo en su departamento parisino con el recuerdo de su hijo perdido y de su amor distante y callado, es como si mantuviera el dedo presionado en aquella herida, porque es difícil parar de hacerlo; mantiene la esperanza de que aquello que ya no existe regrese, sabiendo que no pasará.

Para evitar Spoilers les dejo mi párrafo favorito, porque junta en forma de vocales y palabras el alma de este libro.

El otro día vi claramente a María y a Zeting y estoy segura que ella me vio, sin embargo agachó la cabeza y pasó de un extremo de la acera para no saludarme. Quizá es por Dieguito, quizá es porque me tiene lástima o simplemente porque llevaba prisa y yo me he vuelto susceptible hasta la exacerbación. Ahora que ya no estás tú, pienso que nuestros amigos han quedado a la expectativa. Me tratan entre temps, mientras regresas y entre tanto, no me buscan sino para que les dé noticias. Yo acepto que no lo hagan por mí misma, después de todo, sin ti, soy bien poca cosa, mi valor lo determina el amor que me tengas y existo para los demás en la medida en que tú me quieras. Si dejas de hacerlo, ni yo, ni los demás podremos quererme.

Este libro es un ejemplar pequeño compuesto de 72 páginas, prepárate para echar el moco de una manera extendida.